jueves, 24 de noviembre de 2011

Viaje de locos vol.4: Budapest

Budapest está solo a tres horas de Viena en autobús, tirado tirado de precio y es increíble de bonito: es el destino perfecto para ir un par de días desde aquí.
Teníamos los billetes de ida para el viernes a las cuatro de la tarde y el domingo a las siete otros de ida también. Resulta que si sacas los billetes con "Maeztu Travelling" en vez de ir y volver a Budapest, ¡vas dos veces! Vamos, que teníamos dos billetes de ida, viernes y domingo, y ninguno de vuelta. Y nos fuimos tal cual. A todo esto, en el autobús, a alguien se le ocurrió preguntar cómo se llamaba el "hostel": silencio absoluto. Como dije una vez, se nota nuestra flor en el culo porque todo salió sobre ruedas: Ane se acordó del nombre, averiguamos donde estaba y compramos otros billetes para el domingo. Ahora es cuando me toca felicitar a "Maeztu Travelling" por la organización, gracias Ane, y gracias Rafa, tesorero oficial.

Lo malo de estas latitudes es que a estas alturas del año a las cinco de la tarde es noche cerrada. Total, que llegamos con una luna estupenda. Lo único que podíamos hacer era comer y dar un paseo nocturno. Así que fuimos a probar la especialidad húngara: la comida se basa en "paprika" (pimiento picante) con carne, verdura o lo que sea. Hubo un momento de la cena en que lo pasé realmente mal, aquello es asesino de verdad. Lo juro. Pero estaba todo buenísimo. Luego un paseo por la orilla del Danubio y a dormir.

El sábado fue un día completo. Visitamos el Palacio Real y toda la parte histórica de Buda por la mañana, y pateamos Pest por la tarde. La ciudad es alucinante. Es preciosísima. Todo son edificios imperiales, impresionantes. En eso se parece mucho a Viena (¡Imperio Astro-húngaro!) Eso sí, con un toque descuidado (un poco sucio) y la huella comunista todavía presente. En eso se diferencia mucho de Viena (¡Europa del Este vs. Europa occidental!) Gracias a Rafa aprendimos que Buda debe su nombre a un templo budista que había, y Pest a los olores de un mercado de pescado. En mi (humilde) opinión, la ciudad es espectacular. Juzgad vosotros mismos:





Como el sábado salimos (voy a omitir ese apartado, demasiado chungo), el domingo estábamos destrozados, pero aún así visitamos la Plaza de los Héroes y el parque Városliget, que no sé cómo es en primavera, pero desde luego que en otoño es una pasada.




Esta última foto es la vista más típica, el Puente de las Cadenas con el Palacio Real de fondo. Me encantan las leyendas que se cuentan de las ciudades. En Múnich hay una leyenda preciosa de la Frauenkirche, del demonio que retó a Dios a construir una catedral iluminada, pero sin ventanas. Cuando entras y pisas la huella "que dejó el demonio al entrar" (una marca en el suelo), ves una iglesia totalmente iluminada, pero no ves una sola ventana, están tapadas por las columnas. Son pequeñas historias que circulan de boca en boca, que cuentan los guías turísticos para hacer más amena la visita. Y, cómo no, el Puente de las Cadenas tiene la suya propia: cuentan las (malas) lenguas que el hombre que lo diseñó presumía de haber hecho el puente más perfecto que había, que si alguien encontraba algún defecto se mataría. Cuentan que se acabó tirando por su propio puente, porque la gente decía que los leones que guardan los accesos del puente no tenían lengua. Realmente los leones tienen lengua, aunque escondida.


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