En el erasmus parece que si no planteas las cosas a la locura, no surgen. Pasó lo siguiente: alguien, en un momento del viernes dijo "¿por qué no nos vamos mañana a Salzburgo?" Y a unos cuantos locos de remate nos pareció buena idea. El sábado, a las 12 y con resaca, nos reunimos en uno de los "meeting points" estrella, la 26, de Inés y Lau, y después de muchas dudas, de replantear el viaje para otro "finde", de estar a punto de echarnos atrás por no tener nada reservado, alguien volvió a decir: "¡¡VENGA!! ¡¡VÁMONOS!!". Y nos fuimos.
Salzburgo está en la región de su mismo nombre, y está a tres horas de tren de Viena. De todas maneras, Rafa y yo lo indicamos perfectamente en el mapa, para que os situéis.
Fuimos siete y, gracias a Clotilde (francesa), el viaje fue "en inglés". [Lo pongo entre comillas porque hicimos (y hacemos) unas mezclas y unas traducciones literales bastante preocupantes. A Inés se le escapó "giraflower" en vez de girasol, no os digo más].
Además, en este viaje se estrenan nuevos roles: Inés y Caste en el papel de guías (la líder motivada siempre será Cris) y a pesar de que alguno más quería guiar a la manada, no lo lograba:
Una de ellas (la más "friki", adivinad quién) nos descubrió Salzburgo con su toque personal: ¿Sabíais que "Sonrisas y lágrimas" está basada en una historia real? ¿Y que parte se rodó en Salzburgo? Visitamos algunos lugares de la peli, y la verdad es que nos recreamos bastante, moló.
A lo largo del viaje tuvimos suerte en algunos aspectos: tiempo y alojamiento. Nos hizo un tiempazo, y en el puesto de información de la estación nos reservaron hotel (de puro milagro) y tras pelearnos por las habitaciones (nadie quería dormir con "Gabisaurius", pobre de mí, moriré sola), dejamos las cosas y fuimos a cenar. En ese otro aspecto no tuvimos tanta suerte... nos timaron, basicamente. Entramos en un chino que ponía "all you can eat", y claro, puedes comer todos los "noodles" que quieras, pero pagándolos, como bien nos dijo el camarero con ironía. Acabamos a gritos, pero lo pasamos bien.
El domingo fue el día de patear, patear y patear. Salzburgo es una maravilla. Está lleno de mis amadas cúpulas verdes, o como dije en un momento glorioso: "acebollated green cuples" (¡tienen forma de cebolla! ¡ay, cómo me gustan! Nadie pretenderá que, con el "mix" de idiomas, sea capaz de decirlo bien espontánemente, ¿no?) Bueno, volviendo a la ciudad: nos encantó. A pesar de ya haber estado, da gusto volver a ver las vistas espectaculares desde lo alto de la fortaleza o pasear por los jardines del Palacio Mirabell. Como Salzburgo fue gobernada por arzobispos, fueron edificando la fortaleza, la residencia, la catedral... es una ciudad con mil cosas que ver, todo estilo barroco (¿no, guías?)
Esa cúpula grandota (no "acebollated") es la Catedral, muy espectacular. La ciudad es pequeña, se recorre perfectamente a pie. Está separada en parte antigua y nueva por el río, y la parte antigua está llena de callejuelas y galerías con tiendas totalmente auténticas. Además, está todo muy cuidado.
Como aquí nació, vivió y murió Mozart (hizo también un monto´n de cosas idecentes, según dicen las malas lenguas), toda la ciudad está plagada de cosas suyas: la casa donde nació, la casa donde vivió, la casa donde vivió su mujer cuando se quedó viuda... El bombón típico son las "Mozart kügel" o "bolas de Mozart", que tienen praliné y pistacho, ñam. Aunque lo parezca, luego no estaba todo tan "Mozartizado".
El viaje merece la pena totalmente. La ciudad, insisto una vez más, preciosa. Y la compañía increíble también. Así da gusto. Le doy un 10, ni el maldito chino timador me va a amargar un mínimo la experiencia.
Adoro estos viajes-locura-aventura, siempre sale todo bien y se disfrutan más por la adrenalina. Relataré el siguiente y todo lo que me queda pendiente.








El viaje moló un pegote!!E Inés, no es una friki...¡¡¡No teneis infancia!!!
ResponderEliminarYo también le pongo un 10 a pesar del chino puteador que nos mató de hambre aposta!!